Nuestra parroquia recibió la misión de ser Templo jubilar para toda la Zona Cordillera en el Año de la Esperanza. Como María, dijimos: “sí”, permitiendo que nuestro templo parroquial fuera un verdadero punto de inflexión para la comunidad, marcado por la acogida, el servicio y la esperanza compartida con más de 9.000 peregrinos.
El sonido del chofar, signo que el pueblo de Israel escuchaba cada 50 años y que los llenaba de alegría y esperanza, resonó cientos de veces en nuestra parroquia, acompañando cada peregrinación, recordando que era el mismo Espíritu el que inundaba el espacio y sostenía cada encuentro.
Pero el plazo se cumplió. Y vivimos significativos cierres del Año Jubilar de la Esperanza tiempo de gracia que transformó la vida parroquial y el caminar de miles de peregrinos.
Como signo visible del camino recorrido, los voluntarios del jubileo se presentaron durante el rito de las ofrendas en la Misa de Navidad, celebrada en el Parque Juan Pablo II el 24 de diciembre.
Frente a la multitud, entregaron uno a uno sus pecheras y carpetas, aquellas que los identificaron durante el año y que contenían las reflexiones y cantos del camino jubilar.
Cada voluntario vivió la alegría de haber sido instrumentos y testigos de la misericordia de Dios, vivieron cada jornada con ilusión y entrega, conscientes de que, más allá del esfuerzo humano, era Dios quien actuaba en los corazones.
Cierre del Año Jubilar en el mundo
En comunión con todas las diócesis del mundo, la Arquidiócesis de Santiago cerró el Año Jubilar de la Esperanza el domingo 28 de diciembre en la Catedral de Santiago.
Como parroquia, también participamos en la Misa presidida por el Cardenal Fernando Chomali. Recibimos un diploma recordatorio de este tiempo de gracia y sostuvimos la Cruz del jubileo como signo de Cristo que camina con su pueblo.
Con gratitud, saludamos a cada peregrino que llegó hasta nuestro Templo Jubilar parroquial, esperando que este haya sido un buen caminar y una verdadera experiencia de misericordia. Un tiempo en que, con la certeza de la fe, renovamos la convicción de que en nuestras vidas el pecado ha sido vencido y la muerte ya no tiene poder.
¡Gracias por este Año Jubilar de la Esperanza!