Durante la Misa celebrada el domingo 19 de enero, se impartió la tradicional Bendición a los migrantes, un gesto especial que tiene lugar cada tercer domingo de mes.
La bendición es un signo de acogida y fraternidad en Cristo, recordando que, más allá de las fronteras físicas, todos somos una sola familia. Por eso, nos unimos en oración en la Casa de Dios por aquellos que han tenido que dejar sus hogares en busca de un futuro mejor.
Agradecemos a todos los que participaron en este acto de fe y solidaridad, reafirmando que, en Cristo, no hay distinciones ni divisiones, sino un llamado a vivir la fraternidad y el amor sin fronteras.
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